La violencia sexual es utilizada como arma de terror conta las mujeres y las niñas en todo Sudán desde el estallido de la guerra en abril de 2023, advirtió este miércoles el Fondo de Población de la ONU (UNFPA).

Según los datos de ese organismo, más de doce millones de mujeres y niñas, y cada vez más hombres y niños, corren riesgo de sufrir agresiones, un aumento del 80% con respecto al año anterior.

La guerra intestina que azota a Sudán ha obligado al desplazamiento de unos13 millones de personas -casi un tercio de la población-, y ha destruido el sistema de salud.

El caso de Layla

Para ilustrar el creciente y alarmante uso de la violencia sexual, el UNFPA expuso el caso de Layla, una sudanesa residente de Jartum, la capital del país, cuya casa fue asaltada por hombres armados cuando se encontraba sola con sus hijos.

“Arrestaron a mi hijo y me llevaron a otro coche”, relató Layla, y agregó haber notado que los hombres miraban a su hija de 18 años de forma inquietante. “Probablemente me llevaron para mantenerla sola”, reflexionó.

El temor de Layla por su hija fue un anticipo de lo que más tarde enfrentaría en una prisión superpoblada, donde permaneció recluida durante casi tres semanas.

“Trajeron a mi hijo y empezaron a golpearlo delante de mí. Luego me llevaron a donde tenían prisioneras, interrogándome, acusándome de espía y afirmando que mi marido trabajaba para el ejército”, dijo Layla.

Si bien el ejército sudanés ha recuperado recientemente zonas estratégicas de Jartum, en ese momento las fuerzas paramilitares de la oposición tenían el control.

Layla describió cómo la desnudaron, la golpearon y la detuvieron sin cargos.

Gritos en la noche

“Presencié horrores inimaginables (…) Cuando los oficiales se iban, los soldados comenzaban a violar a las prisioneras. Sacaban a las jóvenes al patio, y toda la noche escuchábamos los gritos de niñas y mujeres”, rememoró.

“Escuché esos gritos durante los 19 días que estuve en esa prisión”, afirmó.

En un espacio seguro apoyado por el UNFPA, Layla puedo hablar de su terrible experiencia.

“Un día, trajeron a una chica de 16 años de vuelta a la celda, sangrando profusamente, se acercó a mí, me abrazó y lloramos juntas durante todo un día. Al noveno día decidí que quería morir; no soportaba la idea de ser violada también. Así que dejé de comer y beber, y finalmente enfermé gravemente, y me liberaron”, apuntó.

Layla y la joven sobreviviente pudieron encontrar apoyo físico y mental en el espacio seguro del UNFPA; sin embargo, ese no es el caso de la mayoría de las mujeres.

Las instalaciones de salud no son seguras

En los últimos dos años se han reportado más de 540 ataques a centros de salud. Los suministros y equipos son saqueados con frecuencia, y el personal sanitario, los pacientes y las ambulancias son objeto de violencia e intimidación.

La agencia de la ONU citó el testimonio de Maha Mahmoud, una de sus trabajadoras sociales en un espacio seguro en Dongola, en el Estado del Norte sudanés, quien sostuvo que las instalaciones de salud han dejado de ser sitios donde la población esté a salvo.

“Me informaron que una joven había sido violada en una maternidad. La chica tiene 18 años, es divorciada y tiene una hija. Vivía con su familia cuando las fuerzas de la oposición entraron en su zona, se la llevaron, junto con muchas otras mujeres, y las violaron”, refirió.

Violaciones masivas

La joven perdió el conocimiento y, al despertar, se encontró rodeada de otras muchachas, todas ellas también violadas. Las dejaron en la calle, precisó Mahmoud.

Un tiempo después, la joven descubriría que estaba embarazada. “Se dirigió al espacio seguro, donde le brindamos apoyo psicológico y toda la atención médica necesaria”, explicó la trabajadora del UNFPA, y añadió que la chica y su bebé se están recuperando lentamente. “Desde entonces, hemos seguido ayudándola a superar el trauma”, abundó.

La labor del UNFPA

El UNFPA proporciona servicios de salud y protección reproductiva en Sudán a través de 90 equipos móviles de salud, más de 120 centros de salud y 51 espacios seguros donde las sobrevivientes de violencia sexual pueden buscar ayuda y refugio de forma anónima.

La asistencia incluye tratamiento clínico y asesoramiento psicológico tras violación, abuso y agresión sexual, así como derivaciones a asistencia jurídica y concienciación comunitaria sobre los riesgos de la violencia sexual, la coerción y la trata de personas.

Urgencia de fondos

Para continuar esta labor en Sudán durante 2025, el UNFPA necesita 119,6 millones de dólares, además de 26 millones para ayudar a los refugiados en el país.

La agencia alertó de que los recortes de financiamiento sin precedentes por parte de numerosos donantes están poniendo en peligro la salud y la vida de cientos de miles de mujeres y niñas.

En el Estado del Norte, los programas de salud sexual y reproductiva y los espacios seguros del UNFPA funcionan con recursos aportados por Canadá, la Unión Europea, Japón, Noruega y Suecia.

Por otra parte, las recientes suspensiones de ayuda financiera por Estados Unidos dejarán a unas 250.000 mujeres sin servicios de salud reproductiva. Asimismo, se ha cancelado la formación del personal médico de primera línea, y 10.000 mujeres perderán el acceso a espacios seguros que brindan apoyo médico, jurídico y psicosocial.

Source of original article: United Nations (news.un.org). Photo credit: UN. The content of this article does not necessarily reflect the views or opinion of Global Diaspora News (www.globaldiasporanews.net).

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